lunes, 13 de diciembre de 2010

Vivir al margen

 
Miradas al Sur estuvo en Villa Soldati, recorriendo la Villa 20 y la zona del Indoamericano, donde familias tomaron el predio en reclamo de viviendas. Una crónica del desamparo 
 
Estación del premetro Arturo Illia, un nombre radical en un barrio tan peronista que todavía tiene, ahí cerca de la villa, al Club Sacachispas, inaugurado un 17 de octubre, compitiendo en ligas quizá menores. A 200 metros del Parque Indoamericano en Villa Soldati está el Jumbo. La gente va de compras, hay un gran cartel que dice Felices Fiestas. A sólo 100 metros del que debía ser el segundo pulmón verde de la Ciudad, donde sube Escalada desde la avenida Fernández de la Cruz, hay carteles que llaman a las elecciones en el club San Lorenzo, que está un poquito más hacia el Centro. Sobre la figura del sonriente candidato a presidente, Carlos Abdo, otro cartel encima dice Paraguayo impugnado. Esto, obviamente, fue antes del martes en que Bernardo Salgueiro volvía de trabajar y se encontró un balazo a las 7 y media de la tarde que terminaría con su vida.
La entrada de Escalada doblando por Fernández de la Cruz está cortada por un patrullero de la Federal. En cambio, el ramal que viene de la Provincia está accesible. Una mujer boliviana va con su manta típica tejida con una criatura en la espalda y otro niño que la sigue. Es una del millón ochocientos mil bolivianos en la Argentina.
Es viernes 10 de diciembre y está nublado. En unas horas se va a conmemorar ese otro 10 de diciembre, el de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando el mundo se había aterrorizado por los millones de muertos justificados en que eran de otra raza, razas inferiores, razas peligrosas. Un 10 de diciembre del año pasado, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, había dicho que esa celebración tenía que tener como lema la no discriminación. Fue hace un año y en Europa se vive una xenofobia completa. Quizás aquí, en la Argentina, algunos laboratorios del macrismo, la derecha empresarial, se dieron cuenta de que hay caldo de cultivo para vincular la inseguridad con la xenofobia. Y entonces, un candidato de origen paraguayo que quiere ser presidente de un club o miles de bolivianos que viven en la Argentina tienen que dar fe por nuestra tierra. Al especulador financiero e inversionista húngaro-norteamericano George Soros, por supuesto, le va bastante mejor. Pudo comprar enormes extensiones de tierra en el sur y asociarse a José Aranda en un emprendimiento arrocero en Corrientes. Él sí puede tener sus propias tierras. 


f.: Miradas al Sur